Cómo se inunda con la más ligera lluvia, los arbustos con formas tan extrañas que hacen pensar que el jardinero los podó en ácido, los baños extremadamente sucios llenos de mensajes edificantes como "Por favor mantengan el baño limpio. Compórtense como lo que son, no como se ven", las tediosas conferencias en el salón audiovisual, el señor que vende chicharrones junto al salón 13, el salón de usos múltiples, mejor conocido como "el gallinero", y la milenaria costumbre de los alumnos de fajarse a alguien ocultos detrás de sus paredes, los tres libros de la biblioteca y su horrible encargada, las computadoras virulentas, el profesor de Inglés guapetón, el de Física más feo que pegarle a Dios y el de Lectura y Redacción tan cristianamente insoportable, Arquímedes y sus fantásticas clases llenas de los Rolling Stones, de los Doors y del doctor Atl, las ofrendas de día de muertos, las pastorelas en las que los mozalbetes del coro, uniformados con bufandas, entonan villancicos con voces de niños de 5 años, las prácticas de laboratorio llenas de permanganato de potasio, glicerina, humo y tos, la misteriosa combustión espontánea de botes de basura y lockers, los días en que comíamos paletas con palito fosforescente e iluminábamos los salones durante la noche, los adolescentes que saben bien que para ligarse a una preparatoriana sólo hace falta llevar una guitarra acústica a la escuela, sentarse en el pasto y hacer como que tocan, la máquina de coca-colas que se roba el cambio, los fetos del laboratorio de Biología, los choques en el estacionamiento, la taza cortada a la mitad que adorna la dirección y dice "¡Usted pidió media taza de café!", el agradable director que se para en la entrada a las siete de la mañana para saludarnos a todos, la aburridísima y ñoña gaceta de la universidad, los jóvenes que se caen de borrachos pero son lo suficientemente responsables para entrar a clase en ese estado y perfumar el salón, los carteles que rezan "Los universitarios somos HONESTOS" junto a los de "Noche de playeras mojadas", las presentaciones de Mercadotecnia con todo y su comida gratis, los toquines en la explanada, los bailes masivos de "Payaso de rodeo" que aprovechábamos para huir discretamente, la antigua tradición de mojar a los de primer semestre, la comida insalubre del señor Salim, mis frases de Voltaire dibujadas en la pared, la pila bautismal oculta entre los cactus, las lágrimas en el lavabo y la risa en las bancas pintarrajeadas...
Pero ya era hora.
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Hoy le pedí a un compañerito de clase que me enseñara su mochila:

A mí, en lo personal, nunca me ha gustado el Boing de uva.