martes, 10 de julio de 2012

Hola, dos años después

Estos dos últimos años han pasado TANTAS cosas cruciales en mi vida que se me olvidó que tenía un blog que solía actualizar con cariño. Aquí va una breve lista en desorden cronológico:

- ¡Me convertí en mamá! Hice a la niña más maravillosa del mundo.

- Conocí el cansancio, el desamor, el dolor y la traición, pero también la felicidad.

- Trabajé en Gatopardo, entrevisté gente muy chingona y aprendí de la vida y de mí.

- Salté del periodismo a la publicidad. Ahora soy creativa and I like it.

- Conocí a mi mejor amigo.

- Descubrí a mi verdadero verdadero amor (que no tiene blog) en mi tercer concierto de Pearl Jam.

Ahora tengo 22 y siento que soy una persona muy diferente, pero el Zombie en un Frasco siempre está aquí. Los quiero, amigos.

domingo, 9 de mayo de 2010

viernes, 9 de octubre de 2009

Ya casi voy a postear

Es que tenía unas fotos bien padres en el celular, pero lo olvidé en un taxi y se perdieron. Ya pronto.

sábado, 26 de septiembre de 2009

El cantante de Los Gatos

Madmanmau y yo viajábamos en metro. Vi, a través de la ventana, a un tipo vestido de negro, con chamarra de cuero y copete altísimo.

Yo: ¡Mira! ahí está uno de esos señores que te gustan.

Madmanmau: ¿De los señores que me gustan? Eso se oye muy extraño... Es el cantante de Los Gatos.

Yo: ¡Oh! ¿El cantante de los gatos? ¿Y qué estará haciendo por aquí?

Madmanmau: Pues usa el metro, como tú y como yo.

Yo: Claro. Seguramente también se ha enamorado y le han roto el corazón, también ha sufrido... De seguro le teme a algo y ha perdido algo... También tiene que pagar luz y gas e impuestos... Es una persona, un ser humano...

¡Snif!

lunes, 14 de septiembre de 2009

Yisuscraist loves Zombie

Estoy sentada en el interior de un vagón del metro: pantalones de mezclilla, playera de Testament que compré ayer en el Mezcal Metal Fest, la inmortal chamarra de piel negra y cara de pocos amigos. Justo antes de que las puertas se abran en Zapata, una mujer genérica atrae mi atención mirándome fijamente a través de unos lentes rosas y habla:

- Oye, ¿te puedo decir algo?

- ¿Sí?

- Jesucristo te ama. Que tengas buen día.

La muy cobarde se baja del metro al instante, dejándome con mil palabras revolviéndose en mi lengua y con la cara roja de la risa contenida. Nadie más se percata de la situación. Empiezo a reirme sola y a pensar en todas esas cosas que no le dije. Repito las palabras "Jesucristo te ama" el resto del día pensando en lo jodona que se ha vuelto la religión para mí durante estos días, en "Welcome to the real world" de Gamma Ray y en la etiqueta "cosas que sólo me pasan a mí por ser yo" de mi blog.

La próxima vez que me suba al metro voy a mirar fijamente a alguien y decir: "¿Te puedo decir algo? La realidad es maravillosa".

jueves, 10 de septiembre de 2009

Zombie no quiere hacer la tarea




lunes, 7 de septiembre de 2009

No dejen de ver el post de abajo

¡Pero es que tienen que ver esto! ¡Todos! ¡Aaah! ¡Qué risa!

domingo, 6 de septiembre de 2009

Zombie in the box

Estoy platicando con el Tsunami de nuestra época dorada del grunge. A nosotros no nos tocó la mera época noventera de Seattle porque éramos demasiado jóvenes, pero nos desquitamos en la adolescencia. Empezaban los dosmiles y, mientras el resto de mozalbetes de nuestra edad se derretía con la fantasía nü metalera, nosotros pasábamos el tiempo en la extinta comuna Grunge Inc. donde convivíamos virtualmente con los tales Do_the_evolution (con quien tuve un mega dramático crush adolescente), Man_in_the_box, el Tourrete's, el Pordiosero Power, Fluoxetina y odinhueleaespiritujoven, entre otros.

Mi primer disco grungero fue el Ten; lo escuchaba en el discman cuando todavía no existían los emepetreces. Recuerdo cuánto sufrí cuando no pude ir a los tres primeros conciertos de Pearl Jam en México por ser todavía una niña de secundaria. Cuando regresaron en 2005 me desquité y fui a los dos conciertos en el Palacio de los Deportes con mi gran amor: grunge_84 (aquí va el suspiro). Él me regaló los dos bootlegs de los conciertos en México, ésos que se descargaban, se imprimían las portadas y se les pegaban bonito. También me presentó a Joy Division y a Paul Auster y me llevó al concierto de los Rolling Stones, pero ésa es otra historia.

En esas épocas el atuendo obligado era el vestido floreado, la chamarra rota y las Dr. Martens ("¿Conoces a Gaby? Sí, la pandrosa..."). Layne era mi único dios y conmemorábamos cada año la fecha de su muerte (estoy oyendo el Unplugged de Alice in Chains, fantástico). El Riot Act salía al mercado y junto con él las quejas de que Pearl Jam ya no era grunge sino "adulto contemporáneo". Los Stone Temple Pilots se separaban. Courtney Love sacaba disco nuevo (a mí sí me gustaba Hole y ella nunca me cayó tan mal). Audioslave surgía de repente pero yo seguía cantando Black Hole Sun. Adornábamos las playeras con el clásico "Grunge's not dead". Creo que, a pesar de toda la teenage angst, éramos felices. Nos cambió la vida, ¿verdad Tsunami?

Luego entré a la prepa.

sábado, 29 de agosto de 2009

Reaparición de mi amor de la secu

Viajaba dentro de un pumabús verde oscuro cuando, a través de la ventana, vi pasar a mi amor de la secundaria, por quien salivé copiosamente y sentí entregar equipo. Comprendí por qué la Zombie de catorce años estaba tan perdidamente enamorada de aquél que ahora caminaba con la frente en alto y el cabello lacio meciéndose al vaivén de sus pasos, tan guapo y tan malote, maldita sea, como de película.

El pumabús no se detendría ante mi capricho amoroso-nostálgico, así que no pude alcanzarlo para emitir el clásico "¡Cuántos años!" y me quedé asida al tubo de metal con una polilla, que había creído muerta, revoloteando en mi interior.

Actualización: creo que él lee mi blog. Pero ya posteé. Ni pedo.

domingo, 23 de agosto de 2009

Pin Floy

Eduardito y yo entramos a Gandhi para buscar unos libros y el tipo de la entrada nos preguntó si llevábamos algún disco o libro en nuestras bolsas. Yo llevaba cinco discos y él dos libros, así que el tipo procedió a etiquetar nuestras pertenencias.

Tipo: ¿Me puedes decir el nombre de tus discos?

Yo: A ver, Soundgarden.

El tipo escribió "Soundgarder".

Yo: Eh... Alice in Chains, Live.

Tipo: Le ponemos nomás "Live" ¿no?

Yo: Oquei... Pink Floyd.

El tipo escribió "Pin Floy". Lo demás, Rainbow y Kiss, sí lo escribió bien.

Luego de unos cuantos valiosos minutos de pegarle las estampitas a cada uno de los discos, pudimos pasar. El libro que yo buscaba ni estuvo.

viernes, 21 de agosto de 2009

Cervecería

El camión atravesaba avenida Universidad mientras Universal Stereo aderezaba el recorrido con música setentera. Yo miraba por la ventana con curiosidad porque a lo lejos había vislumbrado un cúmulo de mozalbetes greñudos y vestidos de negro que esperaban entrar a algún lugar. Las señoras cincuentonas que estaban sentadas atrás de mí vieron la aglomeración, interrumpieron su plática sobre las várices y hablaron:

- ¿Qué es eso?

- Una cervecería.

- Madre de Dios, tanto jovencito...

Me reí. Y ya.

jueves, 13 de agosto de 2009

martes, 4 de agosto de 2009

Aquí sigo

Nomás pérenme, pérenme tantito.

sábado, 25 de julio de 2009

Guapachosidad

La vida. Por más metalero que seas, la vida te pone en situaciones en las que jamás te visualizaste. En mi caso, casi encabezando una especie de fila de conga en un bautizo, culpa de la insistencia de los anfitriones y de la gente que cree que el que se queda sentado no se divierte. Y quizá sea cierto, pero ¿qué les hace pensar que levantarse a mover la cadera es más entretenido?

Por cierto: DEBO aprender a bailar cumbias. Imaginen a Robocop de invitado a una fiesta, tratando de seguir el ritmo de El listón de tu pelo de los Ángeles Azules. Pues ésa soy yo.

lunes, 20 de julio de 2009

Encontré a mi chamán

¿Quieren que les cuente el sueño que tuve? ¿Sí? Bueno.

Estaba en la playa. Yo le demostraba a mis amigos que sabía volar: corría, tomaba vuelo, me despegaba del piso y quedaba suspendida como dos segundos. Entonces se me acercaba un señor canoso, todo vestido de blanco y con paliacate rojo en la cabeza. Decía que era maya y que yo no sabía volar, que había algo que estaba haciendo mal. "Tienes que encarrerarte y, mientas vas corriendo, alzas la mano izquierda". Yo lo hacía y funcionaba: me mantenía suspendida como diez segundos.

Un amigo dice que el señor es mi chamán y que estuve a punto de tener un viaje astral, pero aún no he podido desprenderme de mi cuerpo del todo y por eso no puedo mantenerme suspendida más de diez segundos. Muy científico todo. Suena lindo.

viernes, 17 de julio de 2009

Recuerdo de la prepa III

Interrumpieron nuestra clase de Sociología para llevarnos al salón audiovisual a escuchar a los representantes de una de esas universidades patito hablar de su oferta educativa: "Ahora que están a punto de salir de la prepa seguramente quieren continuar con sus estudios en una escuela de calidad...".

Me senté en una de las butacas junto a uno de mis compañeritos de clase, quien evadía las palabras del hombre del micrófono con los audífonos que traía puestos. "¿Quieres escuchar?" preguntó el compañerito de clase. Me puse el audífono en el oído derecho, él en el izquierdo, y supe que el mozalbete sabía lo que hacía cuando escuché la voz de Layne Staley en Would. El cable de los audífonos era tan corto que tenía que inclinar la cabeza hacia el compañerito, casi recargándome en su hombro. El sueño lo interrumpió el hombre del micrófono cuando preguntó si alguien tenía dudas. Me quité el audífono, volví a la realidad, levanté la mano y hablé.

- Yo tengo una duda: ¿Por qué habría de estudiar en su escuela cuando las mismas carreras que ustedes ofrecen se encuentran en esta universidad?

- Bueno, es que... estudiarías en una escuela particular y... este... yo... eh... ¡Se acabó el tiempo! Gracias por su atención.

Y no pude volver a sentarme a escuchar a Alice in Chains porque era hora de volver al salón.

martes, 14 de julio de 2009

Cuarto de primaria

Cuarto de primaria fue el peor año de todos. La maestra Claudia, a quien seguramente ahora rebaso por unos veinte centímetros, me producía el más terrible pavor. Tenía el cabello largo y negro, usaba unos lentes que le hacían ver los ojos gigantes y entre las cejas tenía, como tatuada por los años, una arruga vertical que delataba a su mal humor. Escuchaba música clásica todo el día, se jactaba de leer en todo momento y lugar y estaba obsesionada con la perfección. Nos gritaba ante cualquier nimiedad y, a mí en especial, me miraba con flamígeros ojos como presintiendo que algún día su alumna de ojos grandes crecería, escucharía metal, tendría un blog y hablaría de ella.

Yo le tenía mucho miedo porque solía regañarme a la menor provocación. Me hacía sentir culpable por cosas que no hacía o por cosas por las que no había razón para sentirse culpable. Un acento mal puesto, una mancha de pegamento, una mayúscula que no era, cualquier cosa era pretexto para gritonearme y ponerme muy nerviosa. Por eso trataba de ser muy cuidadosa a la hora de hacer mi tarea, y, aún haciéndolo todo bien, por las tardes, cuando no había razón para acordarse de Claudia, me moría de miedo. Yo no decía nada porque pensaba que era normal temerle a los adultos de esa forma y me creía demasiado eso de respetar a los mayores.

Pero Claudia no odiaba a todos sus alumnos. Su consentida era Alejandra, la típica gordita grandota y violenta que también me tenía tirria infantil. En esos tiempos estaban de moda las pulseras de bolitas y yo tenía una verde que parecía hecha de chícharos, que además usaba esporádicamente porque en aquella escuela, como en muchas, cualquier cosa que representara nuestra imberbe personalidad, como el cabello ligeramente largo en los hombres, los calcetines de colores y las uñas pintadas, era mal vista. A la hora del recreo, mientras todos jugábamos a los encantados, Alejandra jaló mi pulsera, la reventó y todos los chícharos cayeron al piso. La fui a acusar, como es costumbre en la primaria cuando uno no sabe defenderse solo. Maestra, estábamos jugando y Alejandra rompió mi pulsera y... "Tú misma lo dijiste, estaban JUGANDO" contestó Claudita con odio, y básicamente me mandó al carajo.

Cuando el larguísimo año escolar llegó a su fin, Claudia nos dio una especie de discurso de despedida e hizo énfasis en que "éste pudo llegar a ser un grupo PERFECTO, pero hay ciertas personas que lo hacen imposible", mirándome a mí con esos feos y flamígeros ojos y ese odio absurdo e injustificado hacia una niña de ocho años. Los papás de mis compañeritos de clase estaban encantados con ella porque por primera vez una maestra controlaba a sus insurrectos hijos, sin saber que para lograrlo se valía del miedo que les causaba. Algún incauto sugirió que sería buena idea volver a tenerla dándonos clases en quinto de primaria, lo cual no pasó porque justo en esas fechas el hermano de Claudia se murió. Ella desapareció del mapa de mi vida y yo volví a ser feliz.

Ahora que soy un poco más grande me gustaría buscarla. Hablarle. Que sepa cómo se grabaron sus recuerdos en mi mente, a ver si se siente orgullosa. Después todo dependerá de su respuesta, porque a veces me sorprenden las palabras que pueden llegar a salir de mi boca.

jueves, 9 de julio de 2009

Nadie va a pagarme por decirlo

¡Pero qué bueno está este cereal!


La combinación de hojuelas, almendras y chocolate suavecito... Yum.

miércoles, 8 de julio de 2009

El Trip Fontaine de la secundaria

El Trip Fontaine de la secundaria de verdad lo era. Además de alto, bronceado, guapo y ojiazul, era el presidente de la sociedad de alumnos, jugaba futbol y era amado por maestras, perseguido por quinceañeras y deseado secretamente por algunas monjas. Yo, en cambio, era la típica niña rara que Trip Fontaine deseaba en secreto. Fue en aquellos días en que me gané el apodo de Zombie por mi cadavérica forma de caminar y la mirada que se perdía para evadir la de los compañeros. Además leía el diccionario para entrenerme, me tropezaba seguido, rayoneaba mis libretas para que la psicóloga se entretuviera desmenuzándolas y mi cabeza era un imán de balones a la hora del recreo.

Trip Fontaine jugaba futbol. En la cancha de cemento los niños pateaban el balón y las niñas lo miraban a él desde la orilla. Yo volvía de la cooperativa con coca-cola en mano, pegadita a las ventanas de la escuela que estaban protegidas por unos pesados barrotes amarillos, rodeando la cascarita y evitando ser tocada por el sol. Trip, en medio de un ataque de furia futbolística, pateó el balón con tanta fuerza que éste, en vez de entrar a la portería, se desvió hacia los barrotes amarillos de las ventanas y los hizo caer justo sobre mi cabeza. La coca-cola casi nueva se cayó al piso y el chichón apareció bajo mi cabello en menos de diez segundos. Mis lágrimas se detuvieron antes de asomar cuando el Trip Fontaine de la secundaria dijo: "Te acompaño a la enfermería". Después me llenaron el pelo de pomada.

Aprovechando la confianza que teníamos después del golpe, el Trip Fontaine de la secundaria me pidió ayuda para conquistar a Pe, la compañerita de clase que lo hacía babear. "Por favor, pregúntale si le gusto y me dices, ¿sale?". Yo, como no sabía decir que no, traté de averiguar sin éxito los más profundos sentimientos de Pe, quien era tan profunda como un chapoteadero.

Una tarde salí a pasear con mi novio. Se suponía que estábamos juntos, pero bastó un descuido mío para que el badulaque huyera sin explicación y me abandonara en el centro, sola y sin crédito para mentarle la madre vía telefónica. Caminé hasta que llegué a casa de Trip Fontaine, quien estaba afuera fumando, y le conté cómo mi novio se había ido y no tenía cómo regresar a mi casa. "Ya no estés triste. ¿Quieres pasar a hablar por teléfono?". La sala de su casa a media luz, él con ganas de abrazarme y consolarme, yo con ganas de irme a mi casa. El novio malo no contestó. ¿Qué pasó con Pe? le pregunté. "Bah, ella no me gusta". Y me besó. Sabía a vinagre de arroz.

De vuelta en la escuela, el sector femenino seguía derritiéndose por él. Yo estaba demasiado ocupada pensando en el novio que no me quería, en los dibujos que preocupaban a la psicóloga y en los cuentos de Edgar Allan Poe. Trip Fontaine salió de la secundaria hablando como todo un hombre y se fue a vivir lejos. Yo me quedé.