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sábado, 30 de mayo de 2009

Trabalenguas

A mí me tocó whisky anoche. En casa de nuestro amigo, el estudiante de medicina, la botella de Johnnie Walker adornaba la mesa de la sala, mientras un montón de libros viejos esperando ser vendidos descansaba en una esquina. El amigo, con un vaso en la mano, tomó uno de juegos de palabras para niños de tercero primaria y empezó a leer:

Manuel Micho por capricho
mecha la carne de macho
y ayer decía un muchacho:
¡Mucho macho mecha Micho!

No sé si fue el whisky o si estábamos justo en el momento más simple del día, pero al escuchar el trabalenguas las carcajadas botaron como si las hubiéramos estado conteniendo durante años. Yo volví a sentir el dolor de los cachetes y el ardor de garganta, golpeé ruidosamente el piso con los tenis y derramé un poco de mi bebida sobre mi playera de la risa. Quise leer uno yo misma, así que hojeé el libro al azar y me detuve en el dibujo de una muñeca de pelo largo que mira por la ventana, pensativa, mientras el helado que tiene en la mano derecha se derrite y se derrama sin que ella lo note:

Quiero y no quiero querer
a quien no queriendo quiero.
He querido sin querer
y estoy sin querer queriendo.

Si porque te quiero quieres
que te quiera mucho más,
te quiero más que me quieres.
¿Qué más quieres?
¿Quieres más?

Entonces dejé de reír y me quedé pensativa. Supliendo a las palabras que en realidad tenía en la punta de la lengua, desde el corazón, empecé a hablar del Yakult y los tragos promedio en que la gente se bebe uno. Casi siempre son dos, pero yo como y bebo muy lento y le doy casi cinco.

Sabía que no podría recordar el trabalenguas, así que le compré el libro a mi amigo y lo traje a mi casa. Antes de salir a la noche templada, cuando la botella de Johnnie ya estaba vacía, me ofreció una manzana. Cuando llegué a mi cama apenas iba alcanzando la cáscara de la fruta, que hacía chiu chiu dentro de mi boca y retumbaba en aquel silencio. Sentí ganas de llamar a alguien, tenía tantas palabras y además el trabalenguas de tercero de primaria. El sentimiento y el silencio me hacían muy feliz.

domingo, 25 de enero de 2009

Mandarina

Korn (sí, Korn, como decidió autonombrarse) me pidió que le pelara una mandarina. Clavé mi uña en la cáscara y el jugo saltó directo a mi ojo derecho (como en aquel episodio de la limonada). Ardor, lágrimas, gritos. No pude abrirlo hasta que me lavé con abundante agua. Malditos cítricos.