A mí me tocó whisky anoche. En casa de nuestro amigo, el estudiante de medicina, la botella de Johnnie Walker adornaba la mesa de la sala, mientras un montón de libros viejos esperando ser vendidos descansaba en una esquina. El amigo, con un vaso en la mano, tomó uno de juegos de palabras para niños de tercero primaria y empezó a leer:
Manuel Micho por caprichomecha la carne de machoy ayer decía un muchacho:¡Mucho macho mecha Micho!No sé si fue el whisky o si estábamos justo en el momento más simple del día, pero al escuchar el trabalenguas las carcajadas botaron como si las hubiéramos estado conteniendo durante años. Yo volví a sentir el dolor de los cachetes y el ardor de garganta, golpeé ruidosamente el piso con los tenis y derramé un poco de mi bebida sobre mi playera de la risa. Quise leer uno yo misma, así que hojeé el libro al azar y me detuve en el dibujo de una muñeca de pelo largo que mira por la ventana, pensativa, mientras el helado que tiene en la mano derecha se derrite y se derrama sin que ella lo note:
Quiero y no quiero querera quien no queriendo quiero.He querido sin querery estoy sin querer queriendo.Si porque te quiero quieresque te quiera mucho más,te quiero más que me quieres.¿Qué más quieres?¿Quieres más?Entonces dejé de reír y me quedé pensativa. Supliendo a las palabras que en realidad tenía en la punta de la lengua, desde el corazón, empecé a hablar del Yakult y los tragos promedio en que la gente se bebe uno. Casi siempre son dos, pero yo como y bebo muy lento y le doy casi cinco.
Sabía que no podría recordar el trabalenguas, así que le compré el libro a mi amigo y lo traje a mi casa. Antes de salir a la noche templada, cuando la botella de Johnnie ya estaba vacía, me ofreció una manzana. Cuando llegué a mi cama apenas iba alcanzando la cáscara de la fruta, que hacía
chiu chiu dentro de mi boca y retumbaba en aquel silencio. Sentí ganas de llamar a
alguien, tenía tantas palabras y además el trabalenguas de tercero de primaria. El sentimiento y el silencio me hacían muy feliz.