El otro día fui a comer guajolotes con mis amigos (no crean que hacíamos rituales o nos creíamos Ozzy Osbourne, los guajolotes son una torta con tortillas y mucha salsa en medio. Si eran clientes de este blog antes de que las entradas del pasado desaparecieran, deben saberlo bien). Yo hice mi pedido a la amable mujer que atendía el local:
- ¿Me puede preparar un guajolote de pierna, por favor?
- Híjole güerita,
ya no tengo pierna...
Traté de contener el ataque de risa mientras pensaba en otro ingrediente, pero no pude. Es la segunda vez que terminamos carcajeándonos en el mismo local de guajolotes de siempre.
Fin.