sábado, 25 de julio de 2009

Guapachosidad

La vida. Por más metalero que seas, la vida te pone en situaciones en las que jamás te visualizaste. En mi caso, casi encabezando una especie de fila de conga en un bautizo, culpa de la insistencia de los anfitriones y de la gente que cree que el que se queda sentado no se divierte. Y quizá sea cierto, pero ¿qué les hace pensar que levantarse a mover la cadera es más entretenido?

Por cierto: DEBO aprender a bailar cumbias. Imaginen a Robocop de invitado a una fiesta, tratando de seguir el ritmo de El listón de tu pelo de los Ángeles Azules. Pues ésa soy yo.

lunes, 20 de julio de 2009

Encontré a mi chamán

¿Quieren que les cuente el sueño que tuve? ¿Sí? Bueno.

Estaba en la playa. Yo le demostraba a mis amigos que sabía volar: corría, tomaba vuelo, me despegaba del piso y quedaba suspendida como dos segundos. Entonces se me acercaba un señor canoso, todo vestido de blanco y con paliacate rojo en la cabeza. Decía que era maya y que yo no sabía volar, que había algo que estaba haciendo mal. "Tienes que encarrerarte y, mientas vas corriendo, alzas la mano izquierda". Yo lo hacía y funcionaba: me mantenía suspendida como diez segundos.

Un amigo dice que el señor es mi chamán y que estuve a punto de tener un viaje astral, pero aún no he podido desprenderme de mi cuerpo del todo y por eso no puedo mantenerme suspendida más de diez segundos. Muy científico todo. Suena lindo.

viernes, 17 de julio de 2009

Recuerdo de la prepa III

Interrumpieron nuestra clase de Sociología para llevarnos al salón audiovisual a escuchar a los representantes de una de esas universidades patito hablar de su oferta educativa: "Ahora que están a punto de salir de la prepa seguramente quieren continuar con sus estudios en una escuela de calidad...".

Me senté en una de las butacas junto a uno de mis compañeritos de clase, quien evadía las palabras del hombre del micrófono con los audífonos que traía puestos. "¿Quieres escuchar?" preguntó el compañerito de clase. Me puse el audífono en el oído derecho, él en el izquierdo, y supe que el mozalbete sabía lo que hacía cuando escuché la voz de Layne Staley en Would. El cable de los audífonos era tan corto que tenía que inclinar la cabeza hacia el compañerito, casi recargándome en su hombro. El sueño lo interrumpió el hombre del micrófono cuando preguntó si alguien tenía dudas. Me quité el audífono, volví a la realidad, levanté la mano y hablé.

- Yo tengo una duda: ¿Por qué habría de estudiar en su escuela cuando las mismas carreras que ustedes ofrecen se encuentran en esta universidad?

- Bueno, es que... estudiarías en una escuela particular y... este... yo... eh... ¡Se acabó el tiempo! Gracias por su atención.

Y no pude volver a sentarme a escuchar a Alice in Chains porque era hora de volver al salón.

martes, 14 de julio de 2009

Cuarto de primaria

Cuarto de primaria fue el peor año de todos. La maestra Claudia, a quien seguramente ahora rebaso por unos veinte centímetros, me producía el más terrible pavor. Tenía el cabello largo y negro, usaba unos lentes que le hacían ver los ojos gigantes y entre las cejas tenía, como tatuada por los años, una arruga vertical que delataba a su mal humor. Escuchaba música clásica todo el día, se jactaba de leer en todo momento y lugar y estaba obsesionada con la perfección. Nos gritaba ante cualquier nimiedad y, a mí en especial, me miraba con flamígeros ojos como presintiendo que algún día su alumna de ojos grandes crecería, escucharía metal, tendría un blog y hablaría de ella.

Yo le tenía mucho miedo porque solía regañarme a la menor provocación. Me hacía sentir culpable por cosas que no hacía o por cosas por las que no había razón para sentirse culpable. Un acento mal puesto, una mancha de pegamento, una mayúscula que no era, cualquier cosa era pretexto para gritonearme y ponerme muy nerviosa. Por eso trataba de ser muy cuidadosa a la hora de hacer mi tarea, y, aún haciéndolo todo bien, por las tardes, cuando no había razón para acordarse de Claudia, me moría de miedo. Yo no decía nada porque pensaba que era normal temerle a los adultos de esa forma y me creía demasiado eso de respetar a los mayores.

Pero Claudia no odiaba a todos sus alumnos. Su consentida era Alejandra, la típica gordita grandota y violenta que también me tenía tirria infantil. En esos tiempos estaban de moda las pulseras de bolitas y yo tenía una verde que parecía hecha de chícharos, que además usaba esporádicamente porque en aquella escuela, como en muchas, cualquier cosa que representara nuestra imberbe personalidad, como el cabello ligeramente largo en los hombres, los calcetines de colores y las uñas pintadas, era mal vista. A la hora del recreo, mientras todos jugábamos a los encantados, Alejandra jaló mi pulsera, la reventó y todos los chícharos cayeron al piso. La fui a acusar, como es costumbre en la primaria cuando uno no sabe defenderse solo. Maestra, estábamos jugando y Alejandra rompió mi pulsera y... "Tú misma lo dijiste, estaban JUGANDO" contestó Claudita con odio, y básicamente me mandó al carajo.

Cuando el larguísimo año escolar llegó a su fin, Claudia nos dio una especie de discurso de despedida e hizo énfasis en que "éste pudo llegar a ser un grupo PERFECTO, pero hay ciertas personas que lo hacen imposible", mirándome a mí con esos feos y flamígeros ojos y ese odio absurdo e injustificado hacia una niña de ocho años. Los papás de mis compañeritos de clase estaban encantados con ella porque por primera vez una maestra controlaba a sus insurrectos hijos, sin saber que para lograrlo se valía del miedo que les causaba. Algún incauto sugirió que sería buena idea volver a tenerla dándonos clases en quinto de primaria, lo cual no pasó porque justo en esas fechas el hermano de Claudia se murió. Ella desapareció del mapa de mi vida y yo volví a ser feliz.

Ahora que soy un poco más grande me gustaría buscarla. Hablarle. Que sepa cómo se grabaron sus recuerdos en mi mente, a ver si se siente orgullosa. Después todo dependerá de su respuesta, porque a veces me sorprenden las palabras que pueden llegar a salir de mi boca.

jueves, 9 de julio de 2009

Nadie va a pagarme por decirlo

¡Pero qué bueno está este cereal!


La combinación de hojuelas, almendras y chocolate suavecito... Yum.

miércoles, 8 de julio de 2009

El Trip Fontaine de la secundaria

El Trip Fontaine de la secundaria de verdad lo era. Además de alto, bronceado, guapo y ojiazul, era el presidente de la sociedad de alumnos, jugaba futbol y era amado por maestras, perseguido por quinceañeras y deseado secretamente por algunas monjas. Yo, en cambio, era la típica niña rara que Trip Fontaine deseaba en secreto. Fue en aquellos días en que me gané el apodo de Zombie por mi cadavérica forma de caminar y la mirada que se perdía para evadir la de los compañeros. Además leía el diccionario para entrenerme, me tropezaba seguido, rayoneaba mis libretas para que la psicóloga se entretuviera desmenuzándolas y mi cabeza era un imán de balones a la hora del recreo.

Trip Fontaine jugaba futbol. En la cancha de cemento los niños pateaban el balón y las niñas lo miraban a él desde la orilla. Yo volvía de la cooperativa con coca-cola en mano, pegadita a las ventanas de la escuela que estaban protegidas por unos pesados barrotes amarillos, rodeando la cascarita y evitando ser tocada por el sol. Trip, en medio de un ataque de furia futbolística, pateó el balón con tanta fuerza que éste, en vez de entrar a la portería, se desvió hacia los barrotes amarillos de las ventanas y los hizo caer justo sobre mi cabeza. La coca-cola casi nueva se cayó al piso y el chichón apareció bajo mi cabello en menos de diez segundos. Mis lágrimas se detuvieron antes de asomar cuando el Trip Fontaine de la secundaria dijo: "Te acompaño a la enfermería". Después me llenaron el pelo de pomada.

Aprovechando la confianza que teníamos después del golpe, el Trip Fontaine de la secundaria me pidió ayuda para conquistar a Pe, la compañerita de clase que lo hacía babear. "Por favor, pregúntale si le gusto y me dices, ¿sale?". Yo, como no sabía decir que no, traté de averiguar sin éxito los más profundos sentimientos de Pe, quien era tan profunda como un chapoteadero.

Una tarde salí a pasear con mi novio. Se suponía que estábamos juntos, pero bastó un descuido mío para que el badulaque huyera sin explicación y me abandonara en el centro, sola y sin crédito para mentarle la madre vía telefónica. Caminé hasta que llegué a casa de Trip Fontaine, quien estaba afuera fumando, y le conté cómo mi novio se había ido y no tenía cómo regresar a mi casa. "Ya no estés triste. ¿Quieres pasar a hablar por teléfono?". La sala de su casa a media luz, él con ganas de abrazarme y consolarme, yo con ganas de irme a mi casa. El novio malo no contestó. ¿Qué pasó con Pe? le pregunté. "Bah, ella no me gusta". Y me besó. Sabía a vinagre de arroz.

De vuelta en la escuela, el sector femenino seguía derritiéndose por él. Yo estaba demasiado ocupada pensando en el novio que no me quería, en los dibujos que preocupaban a la psicóloga y en los cuentos de Edgar Allan Poe. Trip Fontaine salió de la secundaria hablando como todo un hombre y se fue a vivir lejos. Yo me quedé.

domingo, 5 de julio de 2009

Hoy voté por primera vez

¡Que alguien traiga la cámara!

Dedo en las calles.

Dedo con la majestuosa catedral de Tulancingo al fondo.

Dedo frente a un autoservicio.

Dedo en el campo.

Casi casi como el duende de Amélie ¿se acuerdan?

jueves, 2 de julio de 2009

Recuerdo de la prepa II

El tipo con el gorrito de amor a Lenin:


Creo que se emocionó porque pensó que quería fotografiarlo a él.

miércoles, 1 de julio de 2009

Recuerdo de la prepa I

Hace mil años, en el extinto blog que borré en un arranque de locura, posteé esto:

Mi profesor de Problemas Económicos, Sociales y Políticos Contemporáneos compró una bolsa enorme llena de dulces, galletas, pastelitos y transgénicos Bimbo y nos dividió en equipos de siete personas. La bolsa de chuchulucos se la llevaría el equipo que presentara el mejor trabajo acerca de las regiones geoeconómicas (a nosotros nos tocó la zona centro-occidente y la región centro-este) y, como debía de ser, ganamos. Ya había salido de la escuela con mi parte del botín (unos Colchones Bimbo medio insípidos, unas galletas Emperador y una barrita Marinela) y estaba platicando con mis amigos en la tiendita de la esquina, cuando alguien arrojó algo al bote de basura que estaba junto a mí. ¡Era mi trabajo de la región centro-occidente y la región centro-este, al que le estuve pegando bolitas de papel crepé con resistol durante casi una hora!


Ahora está en algún basurero, que es mejor a tenerlo aventado por ahí.