martes, 14 de julio de 2009

Cuarto de primaria

Cuarto de primaria fue el peor año de todos. La maestra Claudia, a quien seguramente ahora rebaso por unos veinte centímetros, me producía el más terrible pavor. Tenía el cabello largo y negro, usaba unos lentes que le hacían ver los ojos gigantes y entre las cejas tenía, como tatuada por los años, una arruga vertical que delataba a su mal humor. Escuchaba música clásica todo el día, se jactaba de leer en todo momento y lugar y estaba obsesionada con la perfección. Nos gritaba ante cualquier nimiedad y, a mí en especial, me miraba con flamígeros ojos como presintiendo que algún día su alumna de ojos grandes crecería, escucharía metal, tendría un blog y hablaría de ella.

Yo le tenía mucho miedo porque solía regañarme a la menor provocación. Me hacía sentir culpable por cosas que no hacía o por cosas por las que no había razón para sentirse culpable. Un acento mal puesto, una mancha de pegamento, una mayúscula que no era, cualquier cosa era pretexto para gritonearme y ponerme muy nerviosa. Por eso trataba de ser muy cuidadosa a la hora de hacer mi tarea, y, aún haciéndolo todo bien, por las tardes, cuando no había razón para acordarse de Claudia, me moría de miedo. Yo no decía nada porque pensaba que era normal temerle a los adultos de esa forma y me creía demasiado eso de respetar a los mayores.

Pero Claudia no odiaba a todos sus alumnos. Su consentida era Alejandra, la típica gordita grandota y violenta que también me tenía tirria infantil. En esos tiempos estaban de moda las pulseras de bolitas y yo tenía una verde que parecía hecha de chícharos, que además usaba esporádicamente porque en aquella escuela, como en muchas, cualquier cosa que representara nuestra imberbe personalidad, como el cabello ligeramente largo en los hombres, los calcetines de colores y las uñas pintadas, era mal vista. A la hora del recreo, mientras todos jugábamos a los encantados, Alejandra jaló mi pulsera, la reventó y todos los chícharos cayeron al piso. La fui a acusar, como es costumbre en la primaria cuando uno no sabe defenderse solo. Maestra, estábamos jugando y Alejandra rompió mi pulsera y... "Tú misma lo dijiste, estaban JUGANDO" contestó Claudita con odio, y básicamente me mandó al carajo.

Cuando el larguísimo año escolar llegó a su fin, Claudia nos dio una especie de discurso de despedida e hizo énfasis en que "éste pudo llegar a ser un grupo PERFECTO, pero hay ciertas personas que lo hacen imposible", mirándome a mí con esos feos y flamígeros ojos y ese odio absurdo e injustificado hacia una niña de ocho años. Los papás de mis compañeritos de clase estaban encantados con ella porque por primera vez una maestra controlaba a sus insurrectos hijos, sin saber que para lograrlo se valía del miedo que les causaba. Algún incauto sugirió que sería buena idea volver a tenerla dándonos clases en quinto de primaria, lo cual no pasó porque justo en esas fechas el hermano de Claudia se murió. Ella desapareció del mapa de mi vida y yo volví a ser feliz.

Ahora que soy un poco más grande me gustaría buscarla. Hablarle. Que sepa cómo se grabaron sus recuerdos en mi mente, a ver si se siente orgullosa. Después todo dependerá de su respuesta, porque a veces me sorprenden las palabras que pueden llegar a salir de mi boca.

9 comentarios:

madmanmau dijo...

quizá ese miedo a sus regaños por los acentos hizo que ahora escribieras tan bien......

quizá si te tenía odio solamente porque se sentía atemorizada de ti y de lo que lograrías (lograrás).....

o, era una maestra miserable como muchas, le mía se llamaba Shirley, era temida por todos al llegar a tercero de primaria, curiosamente la rebasarías por unos 20cm también

Anónimo dijo...
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Tsunami dijo...

...pero me pregunto... acaso hay otra manera de controlar a los niños si no es mediante el miedo?? (ash no me hagas caso, es que mi hijo no me deja dormir y estoy muy iiritable)... donde te metes pequeña que vamos sumamente atrasados??? (si, yo tmb)....

"G" dijo...

Hola :D Yo tenía un profe en la primaria que nos jalaba de las patillas [las de abajito de las sienes eeehh!!] o nos aventaba gises, ya era muy anciano y se quedaba dormido en clase... ay de quien lo despertara!! Hahaha. Saludos.

Ahh y larga vida al metal!!

Arthur Alan Gore dijo...

Hace poco platicaba con un amigo de acá, de Playboy, y me contó que en la primaria tenía una maestra que lo odiaba tanto que le subía puntos a los niños que se atrevían a madrearlo. Y luego se extrañan de que en Michoacán se estén matando....

Anónimo dijo...

Bueno, podrias pensar que ese miedo y marginación que te causaba, podrian ser parte de lo que ahora eres, un ser marginal.
Y creo que es mas lo que tu le permites, que lo que ella hizo . . .

psirako dijo...

malvada, en la secu yo odiaba a un maestro y soñaba con atropellarlo y dejarlo cojo de los dos pies, muajaja.

estaría lindo que la vieras, yo me he topado con mis maestros buena onda y cuando los saludas y les dices que eran la onda y que marcaron positivamente tu vida, se ve que sienten rebonito, si le dices lo contrario, mínimo le provocarás un par de noches de culpa.

Pablo Hajnal dijo...

Comparto lo nuevo: "Huyendo de la nada" en:
www.pablohajnal.blogspot.com

Fableton dijo...

Wow!!! me encanto lo de "presintiendo que algún día su alumna de ojos grandes crecería, escucharía metal, tendría un blog y hablaría de ella." :P